Montessori en casa: nuestra experiencia de 0 a 3 años

La primera parte del título de este post, Montessori en casa, coincide con el de una web, un libro, una página de Facebook y muchas entradas en incontables blogs dedicados a difundir esta pedagogía. No pretendo sustituir ni mejorar lo que ya se ha escrito, ya que muchas de las autoras tienen mayor conocimiento, formación y experiencia que yo. Mi intención es descargar un poco la sensación de culpa o de agobio que parecen tener muchas familias que no escolarizan a sus hijos en sus primeros años de vida.

Cada vez que se acerca el momento de solicitar plazas para el curso siguiente, o el momento de empezar el curso, leo preguntas acerca de la organización del curso en niños de 0 a 3 años no escolarizados. Sus progenitores temen que “sea un caos” o que “no aprendan”. Yo no creo que necesiten un plan de estudios siendo tan pequeños. Muchísimo menos si pretendemos enfocarnos desde Montessori, cuya máxima es “sigue al niño”.

Si quieres leer más sobre qué es y qué no es Montessori, he escrito sobre ello recientemente.

Desarrollo normal del movimiento de un bebé

0-6 meses

En los primeros seis meses de vida los bebés comen, duermen, y necesitan compañía y contacto físico. Mientras tanto, van desarrollando su capacidad de coger objetos y de rodar a izquierda y derecha.

6 meses – desarrollo de marcha estable

Entre los 6 meses y los 12, los esfuerzos de los pequeños se centran en aprender a desplazarse. La mayoría de los que han tenido movimiento libre gatean, pero no todos. Algunos se desplazan arrastrando el trasero, otros con un gateo particular, otros con marcha de oso (sobre las plantas de los pies y las palmas de las manos) y otros echan a andar sin pasar por esa “fase suelo”. No es preocupante ninguno de esos casos.

No es necesario forzar un gateo, ni un paso del suelo a estar de pie, ni enseñarles a andar. Se mezcla el instinto con la imitación del adulto y la necesidad de descubrir y así, aprenden a desplazarse.

A la larga es importante la coordinación que aparece con el gateo uniforme, pero no es imprescindible que aparezca antes de la marcha si no nace del niño, pues todos juegan a ser perritos o gatitos y antes de los 4 años tienen un gateo coordinado.

En caso de que haya patologías o condiciones que afecten al normal desarrollo del pequeño, los tiempos se modifican y las intervenciones las marca el equipo sanitario que lo atiende.

Marcha estable en adelante

En el libro “Montessori from the start: The child at home, from birth to age three”, podemos leer que una vez han adquirido una marcha estable (15-20 meses), el interés del niño se centra en imitar las acciones del adulto, acciones que hasta ahora ha estado observando. Eso es vida práctica.

A partir de aquí, la variabilidad individual va en aumento y son las propias habilidades e intereses del bebé lo que nos indicará qué podemos proponerle.

Solo he escrito sobre hitos del desarrollo motor pero en todo este tiempo los niños aprenden muchísimas otras cosas que dependen del entorno en el que vivan. Por ejemplo, el significado de varias palabras, pero cada uno en su idioma y, en el caso del nombre de los alimentos, depende de lo que coman y de si comen trozos o puré, de si ven la pieza antes de cocinada o no…

Aplicando Montessori en casa

Puesto que queremos criar personas que se integren en el mundo, lo más importante en estos primeros años de vida es que vivan el día a día del adulto que está con ellos. Es decir, no hacer un colegio en casa, sino integrarlos todo lo posible en la vida diaria.

Con una escoba intentando barrer 3 garbanzos o los pelos del perro están trabajando la psicomotricidad gruesa (equilibrio y desplazamientos), el uso de herramientas, la coordinación mano-ojo, y la coordinación de las dos manos para trabajar juntas, además de la fuerza de miembros superiores, y de paso aprenden a barrer, importante para cuando deciden desintegrar un trozo de pan.

Algunas acciones que solemos hacer todos y en las que nos pueden acompañar en la medida de sus posibilidades e intereses son:

Comprando

Pueden inspeccionar los objetos que compramos, meter lo que les demos en el carro o en la cesta, meter las frutas/verduras en su bolsa, escoger si compramos manzanas o peras, “ayudarnos” a encontrar un producto determinado, entregar el dinero a la dependienta…

Haciendo la colada

Meter la ropa sucia en la lavadora o secadora, sacar la ropa limpia y ponerla en el cesto, echar el jabón en el cajetín, darnos las pinzas o la ropa para tender, doblar ropa, traernos la ropa para guardar, meterla en el armario…

Cocinando

Trasvasar ingredientes, mezclar, probar, oler, cortar con cuchillo o tijera, poner la mesa…

Limpiando

Guardar juguetes en su lugar, pasar un paño, frotar cristales, secar líquidos derramados, barrer, pasar el aspirador, remojar la fregona, fregar, llenar el cubo de agua o vigilarlo mientras llena…

Mientras hacemos cualquiera de estas cosas estaremos hablándole (los adultos callamos poco, para bien o para mal) y al coger los tomates le diremos “mejor este tomate que está más rojito”, o “dame la camiseta verde, esa no, la verde” y así irá tomando contacto con los colores sin haber tenido que elaborar una actividad concreta.

También habrá momentos en que quiera jugar con nosotros, y le leeremos, y pensaremos actividades para que disfrute, experimente y explore, pero no es necesario tener una planificación trimestral.

No nos planteamos cuándo le enseñaremos a decir mamá o papá, con el resto de conocimientos básicos es lo mismo.

Foto doble de los efectos de aplicar Montessori en casa: pared con rallas de rotulador rojo y esa misma pared con manos de bebé limpiando esas rallas
Tenemos obras de arte en la pared de al lado de sus rotuladores.
Aprovechamos para que aprenda que no se pinta en las paredes y cómo se limpia.

En casa, cuando Laia tenía 21 meses (primera publicación de este post), no sabía utilizar la fregona, barría a una sola mano como si pasara la mopa, quitaba el polvo con estilo propio y en los trasvases de líquidos muchísimas veces derramaba. Haciendo la compra, mordía la fruta y verdura antes de embolsarla y a la hora de recoger juguetes la primera respuesta era “ññño”. Todos los colores se llamaban rojo, los triángulos eran letras A y todos los numeros se llamaban dos. Sabíamos que aprendería a hacerlo todo, pero no cuándo. Y así ha sido, hoy tiene 3 años y todas las actividades que no completaba “correctamente”, ahora sabe hacerlas.

Solo hay que seguirlos a ellos y disfrutarlos mucho.

Plato de patatas con jamón y manos de bebé de unos 20 meses cortando con cuchillo de plástico
La vida diaria da muchas oportunidades de aprendizaje

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