Nuestra Navidad con niños y sin mentiras

Niña de 3 años sobre los hombros de su padre colocando la estrella en lo alto del árbol del Navidad

Este es un post que puede herir sensibilidades y, aunque esa no es mi intención, lo publico para compartir cómo vivimos nuestra Navidad con niños y sin mentiras.

Sé que otras blogueras piensan parecido y han publicado sobre ello, recibiendo, en algunos casos, ataques personales por un tema que no hace daño a nadie.

Decir algo distinto a la verdad es mentir

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Reseña – Cómo educar con firmeza y cariño

 

 

Nueva publicación 🙌🙌🙌 En este caso te traigo una reseña del libro de Jane Nelsen, Cómo educar con firmeza y cariño. 

Su autora es psicóloga, educadora, madre de 7 y autora o coautora de 18 libros enmarcados en la misma temática.

 
El libro del que te hablo hoy trata sobre la disciplina positiva y su aplicación en niños desde unos 3 años hasta adolescentes.
Puede parecer un rango de edad muy amplio, pero los conceptos de disciplina positiva son aplicables a todas las edades y, aunque las herramientas difieran ligeramente según las capacidades que van desarrollando, todos quieren sentir que se les tiene en cuenta y que son importantes.

A lo largo del texto repite varias veces que un niño que se porta mal es un niño desanimado, y que nosotros, como adultos, debemos ser capaces de leer entre líneas y ayudarlos a que recuperen ese ánimo perdido, siempre desde el respeto mutuo, lo que excluye cualquier tipo de castigo.

En cuanto a los castigos, es importante mencionar las consecuencias lógicas, que difieren de las naturales porque estas segundas ocurren sin intervención, mientras las lógicas requieren de un acuerdo previo. Por ejemplo, la consecuencia natural de no recoger los juguetes es que están desordenados, o que alguien tenga un accidente si tropieza con ellos; la consecuencia lógica sería meter los juguetes que queden sin recoger en una caja y recuperarlos pasada una semana. Para que la consecuencia lógica no sea un castigo, tiene que ser respetuosa, razonable, relacionada con el hecho que la provoca y revelada con antelación; si no cumple uno de estos puntos, se convierte en castigo, por lo que lo ideal es reducir su uso al mínimo, priorizar las consecuencias naturales y centrarse en la resolución de conflictos.

Explica la autora que el comportamiento de los niños suele deberse a uno de los cuatro objetivos erróneos (llamar la atención, lucha de poder, venganza o incapacidad) pero que el objetivo real detrás de estos es el de sentirse valorados.

Hacia el final del libro habla también de los objetivos erróneos de los adultos, que tampoco somos perfectos, y si trabajamos sobre nosotros mismos, sobre nuestras creencias y actitudes, es muy probable que mejore la relación que tenemos con los pequeños.

Para conseguir colaboración por parte del niño y mejorar así la convivencia, propone:

  • Tratar los temas importantes en reuniones familiares o reuniones de clase.
  • Dedicar tiempo especial a cada niño y a la familia en conjunto, planeando actividades que nos gusten.
  • Proponer y pactar las soluciones entre todos, no hacerlo por votación porque da la sensación de vencedores y vencidos.
  • Ganarse al niño, no ganar al niño. No debe quedarle sensación de perdedor, sino actuar por decisión propia.
  • Centrarse en los aspectos positivos de la conducta y en los resultados a largo plazo.
  • Buscar soluciones, no culpables ni consecuencias que pueden convertirse en castigos.
  • Implicar a los pequeños en la búsqueda de soluciones.
  • Escucharlos para que te escuchen, pero como en todo, primero hay que dar ejemplo. Igual pasa con el respetarles para que te respeten.
  • Usar preguntas de curiosidad (sinceras, no buscando respuestas cual poli malo). Son preguntas del tipo: ¿Qué crees que podemos hacer para…? ¿Cómo crees que se ha sentido cuando…?¿Te sentirías mejor si…?
  • Hablar desde el yo, no desde el tú. Es mejor decir «Me disgusta tropezarme con los juguetes al entrar en el salón, ¿qué crees que podemos hacer para que yo me sienta mejor?» en lugar de «Eres una desordenada, mira todos esos juguetes por el suelo»
  • La pausa positiva: desde mi punto de vista es arriesgado confundirla con el rincón de pensar. El objetivo es que todos los implicados en un conflicto estén calmados antes de buscar soluciones, aunque en el libro propone que haya un lugar al que se pueda invitar al niño a retirarse, o al que se puede retirar el adulto, es un tipo de mesa de la paz Montessori. A mí, personalmente, me parece bien que exista ese rincón o mesa de la paz, pero el hecho de invitarlos a acudir cuando estamos inmersos en un conflicto creo que puede hacerlo parecer un castigo y prefiero decirle a la niña «Cuando las dos estemos calmadas, lo hablamos, ahora no estoy en condiciones de hacerlo».

Creo que uno de los puntos a destacar de todo el texto es la siguiente frase: Los niños se portan mejor cuando se sienten mejor. Es un buen resumen a recordar cuando estamos saliendo de nuestras casillas, porque salimos, no nos sacan ellos, por mucho que duela y por muchas cosas que se nos remuevan, cuando no controlamos la situación nos aferramos a lo que aprendimos en nuestros primeros años de vida, y a la gran mayoría de nosotros nos educaron pensando que para que lo hiciéramos bien, teníamos que sentirnos mal. No carguemos a la siguiente generación con esta losa.

¿Habéis leído el libro? ¿Y algún otro sobre disciplina positiva? Os espero en comentarios y en redes sociales 😉

Puedes comprarlo a través de Amazon en este enlace.

Un abrazo y hasta el próximo post.

Reseña: Una passejada pel parc (Un paseo por el parque)

¡Hola lectora!
 
Hoy traigo una reseña de un libro que leímos en la biblioteca hace unos días. No lo cogimos intencionadamente, pero me pareció precioso y da para mucho tanto con niños pequeños como mayores.
 

El título es «Una passejada pel parc», de Kalandraka, que en castellano sería «Un paseo por el parque», pero veo en la web de la editorial que los idiomas disponibles son gallego, catalán, euskera y portugués.
 
Es una historia de 1977 pero de rabiosa actualidad, ya que cuenta una mañana en el parque de dos niños con un progenitor y un perro cada uno. Los perros y los niños, de manera espontánea se acercan y comparten momentos de diversión, mientras los adultos permanecen alejados uno de otro, sin mirarse, cada uno en su mundo. Solo les falta un móvil en la mano para que sea una historia escrita o vivida hoy.
 
Además de la historia en sí misma, que es un buen punto de partida para hablar sobre el individualismo imperante con niños mayores, el poco texto y las ilustraciones lo hacen ideal para los más pequeños. A Laia le encantaron el Papá Noel jugando a fútbol y un señor paseando un tomate con su correa y todo. Dibujos rebonitos combinados con otros graciosos, de Anthony Browne.
 
Muy recomendable. Hoy hemos vuelto a la biblioteca y me lo ha pedido, así que pasa el control de calidad de la peque mayor 😀
 
Aquí dejo el enlace para comprar el libro en Amazon.
 
Un abrazo y hasta el próximo post 😘.

 

Mesa de estación de verano

Al fin traigo un nuevo post 💃💃
Os enseño nuestra mesa de estación del verano, que tenemos desde principios de agosto montada (más vale tarde que nunca 😀)

¿Qué es una mesa de estación?

Las mesas de estación son un recurso de la pedagogía Waldorf que consiste en una mesa, estantería o rincón decorado con elementos/colores que corresponden a la estación en la que te encuentras.

¿Qué incluye?

En las mesas de estación Waldorf se ponen telas con los colores que identifican la estación como fondo; elementos que podemos encontrar en la naturaleza en esa estación, idealmente que encontremos con el peque en nuestros paseos (frutos, arena, ramas, hojas, flores…); figuras que representan la época del año o festividades que en ella se producen (conejo de Pascua, hadas Waldorf de estación…)

¿Para qué?

Estas mesas de estación sirven para acercar al niño a los ritmos naturales del mundo, al paso del tiempo a lo largo del año y a los cambios que se van produciendo.

¿Qué hace una mesa de estación en un hogar más Montessori que Waldorf?

A pesar de las diferencias existentes entre ambas pedagogías, desde mi punto de vista la mesa de estación es un recurso muy interesante de la pedagogía Waldorf que se asemeja a Montessori porque acerca a los pequeños una realidad difícil de explicar con palabras haciéndola tangible y, por lo tanto, reconocible por los sentidos.
A continuación te cuento qué hemos incluido en nuestra mesa de estación, que no es puramente Waldorf, sino que se adapta más a lo que vivimos nosotros y a la pedagogía científica.

Nuestra mesa de estación

Esta es nuestra primera mesa de estación porque Laia ha empezado a interesarse por el paso del tiempo: se ha dado cuenta de que llueve poco, de que hace calor y le molesta la manga larga y los pies sudan en las botas de agua (las sigue llevando, antes muerta que sin botas)… Es el primer punto que nos distancia de la mesa Waldorf, que se pone por defecto, y en casa ha sido siguiendo los intereses de la niña.
  • En lugar de telas para el fondo, hemos puesto dos murales pintados con colores veraniegos (rojo, azul y amarillo) Para el de arriba le pedí que pintara el cielo y, para el de abajo, el mar. Sobre la mesa, un papel de regalo que envolvía un juguete que le regalaron a Laia a principios de verano. Como es azul y dorado, cuadra bien con el color de la playa.
  • También tenemos una playa hecha con arena decorativa y una bolsita de congelación con gomina, colorante, purpurina y peces y estrellas de papel celofán. En esta foto no se aprecian, pero están.

  •  Hay dos pececillos hechos con el tubo de dos rollos de papel y pintados con acuarela por Laia y un barquito de papel.

  •  Y aquí dos piedras de playa.

Como puedes ver todos los elementos de nuestra mesa de estación nos remiten al mar, y es que viviendo en una isla, nuestro verano incluye mucho mar.
No incluímos seres fantásticos tipo hadas porque no forman parte del mundo que observamos; no hay flores porque ahora mismo no tenemos en casa y hay muy pocas tipo silvestres cerca de casa; y la fruta nos la comemos, así que no es algo fijo ni frecuente en esta mesa 😂
Al ser una representación de la naturaleza, va cambiando, y hay días en que traemos alguna hoja o palito de la calle y se le añade y al cabo de unos días ella misma se aburre de él o lo incluye en algún juego y lo quita de la mesa. Por ejemplo, el domingo encontramos mientras paseábamos el fruto de un ciprés en el suelo y ahora está en la mesa.
Y tú, ¿tienes mesa de estación en casa? ¿Qué incluyes en ella? 
Un saludo y hasta el próximo post 😘

Toallitas y crema Calenduflor Baby

Esta última semana, gracias a Madresfera, hemos estado probando las toallitas y la crema Calenduflor Baby para aliviar las irritaciones producidas por el pañal.
A principios de junio vi la posibilidad de participar y, con dos peques de piel atópica empañalados, los picores y enrojecimientos siempre se acentúan al llegar el calor, aun combinando pañales de tela y desechables, como os contaba en el post sobre los pañales Dodot, con los primeros días de calor ya le salieron granitos a la mayor y rojeces al peque y llega un momento en que dejan de resultar efectivas las cremas que les funcionan, así que siempre buscamos alternativas para poder ir cambiando.

Nuestra valoración de estos productos es la siguiente:

  • Textura: 5 puntos sobre 5. La crema no es pringosa, ni les deja la piel blanca, es muy ligera y fácil de extender. Por su parte, las toallitas también son muy agradables al tacto, gruesas pero suaves y ni muy secas ni empapadas.
  • Olor: 4 sobre 5. Es algo personal, pero en el primer momento no me gustó el olor de la crema, aunque no es intenso, tiene un algo que no me acaba de convencer. El de las toallitas sí me parece muy agradable.
  • Calidad: 5 de 5. Nos ha ido muy bien con las irritaciones que les van saliendo ahora a los peques, aliviándoles desde el primer uso, y el cierre de las toallitas sigue pegando muy bien aun quedando menos de medio paquete.
  • Composición: 2 sobre 5. A pesar de funcionar muy bien, el hecho de que las toallitas incluyan en sus ingredientes phenoxyethanol, alcohol, perfume… hacen que baje su valoración, que aunque puede ser más una moda que otra cosa, si podemos evitar este tipo de químicos, ¿por qué usarlos?
En general la valoración es positiva y, con lo que nos cuesta encontrar productos que les vayan bien a los peques, los considero una buena opción. 
Y ya como despedida, espero que os sea útil esta valoración y a ver si consigo retomar las publicaciones, que creo que lo he escrito en los últimos 3 post, pero es cierto que es mi intención, aunque no la compartan los dos minions que tenemos en casa y circustancias varias de la vida 😅
Un abrazo y nos vemos en RRSS o en el próximo post.

Manualidad: huevos de Pascua

Manos de bebé de 2 años decorando con rotuladores unos huevos de Pascua pintados con pintura de dedos

Lo prometido es deuda, así que aprovechando que se han dormido prontito los dos peques, comparto la experiencia de pintar huevos de Pascua con la mayor, de 28 meses. Espero conseguir publicarlo antes de que me pida resopón el peque y que me baste la batería del ordenador 😄

En este enlace explican de dónde viene la costumbre de regalar huevos en Pascua. Además, leí en algún sitio que esto de decorarlos se  inició para conservarlos cocidos y comerlos o regalarlos el día de Pascua. Los pintados eran los cocidos y así los distinguían de los todavía crudos.

Aprovechando la primavera y gracias al post de 60 actividades para hacer en primavera con los peques, del blog ¡Mecachis mamá! recordé haber hecho esta actividad en el colegio siendo muuuy pequeña, imagino que con unos cuatro años, y me hizo ilusión llevarla a cabo con la peque.

Es una manualidad para hacer en tres etapas: vaciado y limpieza de huevos, pintar el fondo, decorar. Continuar leyendo «Manualidad: huevos de Pascua»

Reseña: El cerebro del niño

 
 
 
 


 

 

Hola familia! Aquí estoy, intentando retomar el blog y con la cabeza llena de ideas pero días demasiado cortos, no me da la vida 😅
Esta semana os traigo una reseña del libro «El cerebro del niño», de Daniel J. Siegel, psiquiatra, y Tina Payne Bryson, pediatra y psicoterapeuta.

A lo largo del libro explican de manera sencilla y amena cómo funciona el cerebro de un niño y cómo podemos ayudarles a desarrollar lo que ellos llaman el cerebro pleno, que es el funcionamiento coordinado e integrado de las distintas zonas cerebrales, y así vivir más felices y tranquilos.
Cada capítulo está dedicado a un aspecto del cerebro y nos explica estrategias que podemos utilizar para trabajar la integración a ese nivel. Además, ejemplifica las distintas situaciones con pequeños relatos que puede vivir cualquier madre/padre.
El primer capítulo es una introducción al contenido del libro en la que se resalta la importancia de ayudar a los niños en el desarrollo de sus cerebros para que puedan «navegar apaciblemente entre las orillas del caos, por un lado, y la rigidez, por el otro».
Entre el segundo y el sexto capítulo, va detallando los aspectos a integrar en el funcionamiento cerebral y las estrategias a seguir en cada caso y termina el libro con unas conclusiones, una hoja resumen de todas las estrategias, y una guía por edades con ejemplos para los distintos tipos de integración. 

Las integraciones que propone son las siguientes:

  • Capítulo 2: hemisferio izquierdo (lógico) y hemisferio derecho (emocional). A menor edad, mayor dominancia del emocional y resulta útil que pongan palabras y relaten la experiencia que los ha alterado y conectar con la parte emocional y, una vez conseguido, redirigir.
  • Capítulo 3: cerebro superior (complejo, evolucionado, racional) y cerebro inferior (simple, reptil, instintivo). El cerebro superior se construye durante la infancia y adolescencia y puede ser anulado por el inferior, sobretodo en caso de emociones intensas. En esos momentos de pérdida de control deberíamos ayudarles a conectar con el cerebro superior mediante el movimiento; activar el cerebro superior haciéndolos pensar, elegir, negociar; y en momentos de calma se puede entrenar jugando a «¿Qué harías si…?» y dejándolos tomar decisiones.
  • Capítulo 4: memoria explicita (lo que sabemos que recordamos) y memoria implícita (no sabemos que lo recordamos pero está ahí). Aspectos de la memoria implícita pueden entorpecer nuestro desarrollo y es necesario sacarlos a la memoria explícita para poder trabajarlos y superarlos. Propone trabajar a este nivel ejercitando la memoria y ayudándoles a hacer explícitos recuerdos implícitos.
  • Capítulo 5: integrar las distintas partes de uno mismo siendo conscientes de cuando se atascan en una emoción y decidiendo en qué se quieren centrar para controlar más cómo se sienten recordándoles que los sentimientos son pasajeros, ayudándoles a prestar atención a lo que sienten y ejercitando la visión de la mente mediante relajación.
  • Capítulo 6: el yo y el otro. Estamos biológicamente preparados para la interacción social y para sacarle partido a este aspecto debemos crear modelos mentales positivos de relaciones pasándolo bien en familia y conectando a través del conflicto, aprovechándolo como oportunidad de aprendizaje.

Tanto las partes a integrar como las estrategias que proponen para conseguirlo vienen muy bien explicadas y ejemplificadas en el libro, así que en casa nos ha parecido ideal para tener siempre presente, tanto, que la hoja resumen para la nevera está en proceso de elaboración.

¿Has leído el libro? ¿Qué te ha parecido?

Si no lo tienes todavía, puedes conseguirlo a través de Amazon en este enlace.