Nuestra Navidad sin mentiras

¡Hola!

Sé que este post puede herir sensibilidades, y no es mi intención, solo pretendo dar a conocer mi visión particular del tema de la fantasía en niños pequeños y dejar por escrito un nuevo post sobre este tema sumándome a otras blogueras que piensan parecido, pues en algunos casos les han llovido ataques, no críticas constructivas u opiniones contrarias, sino ataques personales, por un tema que no hace daño a nadie como es el sistema de creencias en que educamos a nuestros hijos.

Para empezar sé que puede resultar incómodo pensar que mentimos a nuestros hijos porque nos han enseñado desde muy pequeños que mentir está mal, pero si nos remitimos a la definición de la RAE de lo que es una mentira, encontramos, entre otras acepciones, las que siguen:

De mentir.
1. f. Expresión o manifestación contraria a lo que se sabese piensa o se siente.
2. f. Cosa que no es verdadSe leen muchas mentiras en esta novela.
Por lo tanto, decirle a una persona que los Reyes Magos existen, vienen a casa el 5 de enero y dejan los regalos bajo el árbol es mentir porque los regalos los tienes guardados en el armario y los vas a poner tú. No me meto en si crees que en algún lugar del mundo existen todavía estos tres personajes porque forma parte de tus creencias y no soy nadie para juzgar eso.
En casa hemos vivido las dos versiones de la Navidad, mi compañero Daniel creció con la idea de que sí existían hasta que llegó un año en que lo descubrió y yo crecí sabiendo que eran mis familiares quienes ponían los regalos y que todos estos personajes mágicos que suelen formar parte del imaginario popular que se transmite a los niños eran solo cuentos bonitos. Cuando digo todos, me refiero a TODOS, igual que no existían monstruos, no había hadas, ni Ratoncito Pérez, ni flores que hablan, ni Reyes Magos, ni Papá Noel, ni renos que vuelan… Sin saberlo mis padres fueron muy montessorianos en esto.
Cuando hablamos sobre qué les contaríamos a nuestros pequeñuelos, si algún día los teníamos, llegamos a la conclusión de que era mejor contarles siempre la verdad. No nos sentimos cómodos mintiendo y conocemos casos en que cuando han descubierto la verdad sobre estos seres imaginarios se han sentido decepcionados. Creemos que bastantes frustraciones y decepciones trae la vida por ella  misma como para tener que contribuir a ello.
¿Cómo lo ponemos en práctica? Sobre la marcha, como todo… Las dos primeras navidades con Laia no hizo falta explicar nada porque nació en noviembre, así que en la primera tenía mes y medio y en la segunda 13 meses. Por supuesto tuvo regalos, fuimos a ver las luces, a ver a los pajes y a la cabalgata. Lo hacíamos antes de tenerla y seguimos haciéndolo con ella porque forma parte de nuestra herencia cultural.
La Navidad pasada tenía dos añitos y, igual que cuando tenía 13 meses, le fuimos explicando lo que iba a pasar y los por qués históricos se los explicábamos igual que le contamos cuentos de memoria, empezando con “Cuentan una historia…” o “Se cuenta que…” y terminando con un “…y por eso ahora…” Aun así, después de haberle explicado Papá Noel, Tió y Reyes, de decirle que no existían, que solo jugábamos a que eran reales, cuando el Tió llegó a casa y llamó al timbre, ella se asustó. Se asustó tanto de ese tronco sonriente que se puso a llorar y no quiso acercarse. Le volvimos a explicar que no era real, que las patas se las había puesto su padre y la cara se la había pintado yo. Y entonces lo aceptó.
Este año ya tiene tres… Sabe que el Tió no está vivo. Pero le ha enseñado el piso en el que vivimos, le habla, se sabe la canción, le da de comer… Como cualquier otra niña.
Tuvo una sombra de preocupación cuando empezó a ver decoración navideña y imágenes de Reyes Magos entrando por balcones y Papás Noeles por chimeneas. De noche. En casas donde la gente dormía… Y es que, como todas las personas de 3 añitos, ahora sabe lo que es el miedo y teme muchas cosas: quedarse sola, la oscuridad, los monstruos, los extraños que invaden su espacio, el ruido de las motos, el ruido de la batidora (este lo está superando, jeje) Y obviamente tuvo miedo de que unos hombres desconocidos entrasen en casa mientras dormíamos, así que volvimos a explicarle que no es real, que es algo que se hace cada año porque “Se cuenta que…” Este año hemos hablado con ella sobre el solsticio de invierno, el inicio de nuevas cosas, el Tió, y sobre la tradición cristiana, que es la que tiene en su entorno inmediato.
Pero, ¿tiene ilusión por la Navidad? ¿se le iluminan los ojos? ¿Cada vez que vemos un Papá Noel le decimos “es mentiiiiiira”? Sí. Sí. Por supuesto que no. No estamos todo el día diciendo “todo eso que ves no es cierto, son personas disfrazadas”. Nadie se pasa el rato que ve una película o un espectáculo de magia con su hijo diciéndole que eso no es real, solo se dice si surge en la conversación, si pregunta directamente, o si se asusta.
Tiene tanta ilusión que hoy, 24 de diciembre, me ha despertado a las 5 diciendo “¿Ya es de día, mamá? ¿Ya es Navidad? ¿Hoy vamos a cenar a casa de la abu y vendrá Papá Noel a traerme un regalo?” Al decirle “Sí” ha saltado de la cama para ir a abrir la última ventana de su calendario de Adviento.
Tiene tantísima ilusión por participar de esta fiesta, que ha ayudado a escoger regalo para su prima, 9 meses mayor que ella, y un día que fuimos a hacer compra salió corriendo (cosa que nunca hace) y fue a por unas zapatillas de bebé, las trajo y nos dijo que eran para su hermano, que quería regalárselas en Navidad porque él no tiene zapatillas y ella sí. Se equivocó de talla, pero solo tuvimos que hacer ese cambio y aquí tenemos las zapatillas, esperando a que se las traiga el Tió a Lluc (tiene 11 meses, no camina, no necesita zapatillas, pero es el regalo de Laia a Lluc).
Sobre si se lo dirá a algún niño que sí crea, sabemos que puede pasar, igual que podría hacerlo una persona de otra cultura, así que a parte de contarle que hay personas que sí creen, que hay que respetar lo que cree cada uno, y que todos jugamos a que existen, no podemos evitar que ella piensa, deduzca y hable.
Personalmente, siempre he vivido con ilusión estas fiestas, las reuniones familiares, el escoger y envolver regalos para mis hermanas y mis padres, el esperar oír ruidos la noche de Reyes… Creo en la suerte, creo en la magia, pero en la magia de vivir, no en que Papá Noel se cuela por la chimenea. Y eso es lo que queremos transmitirle a ellos, la magia de vivir, de reunirse, de quererse.
Es la segunda vez que escribo este post, espero que no desaparezca como la anterior 😅
Te espero en comentarios, me encantará leer qué opinas sobre nuestra manera de hacer y cómo lo haces en casa, que seguro que es con la mayor ilusión del mundo, igual que todos.
¡Felices fiestas! y que disfrutes la magia de la felicidad cada día, no solo dos semanas al año.

Una respuesta a “Nuestra Navidad sin mentiras”

  1. claro, por que no? es otra forma de decirles las cosas. Nosotros tb nos lo planteamos, pero es que es tan inocente que en el cole ellos mismo alimentan su fantasia. Casi no hace falta que les digas nada. De todas maneras evitamos siempres exagerar o contarles que si te estan mirando o cosas por el estilo.

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