Corresponsabilidad y “si lo hago no quiero crítica”

Sofá al fondo con las fundas mal puestas, mesa de centro y suelo lleno de juguetes. Si no hay corresponsabilidad, se dificultan las tareas

Hoy no pensaba publicar sobre este tema, peeeero esta mañana, en el podcast de Buenos días Madresfera, se ha hablado de corresponsabilidad y carga mental y, a raíz de lo dicho en el podcast y en el chat de Spreaker sobre el tema, he estado pensando en esos casos en que hacemos algo con buenísima intención y terminamos con una crítica que duele… Continuar leyendo “Corresponsabilidad y “si lo hago no quiero crítica””

De la cuna al conteo

Aprender los números es como aprender las letras, como padres nos llena de orgullo ver a nuestros pequeñuelos adquirir estos conocimientos, tan importantes para el día a día y básicos para su paso exitoso por primaria y secundaria. Así, cuando recitan del 1 al 10 por primera vez, nos parece la niña más lista y más bonita del mundo (y somos objetivos, somos sus padres…) ¿Con qué edad empezó a contar el tuyo? ¿Y a reconocer números? ¿18 meses? ¿2 años? ¿O más adelante?

Muchos peques reconocen algunos números escritos antes de empezar a hablar, puedes preguntarles “¿Dónde está el 1?” y te lo señalan, aunque también puede que te señalen un palo en lugar del 1. También los hay que con 18-24 meses “cuentan” hasta 10. Eso sí, no les digas dame 8 mandarinas, porque no saben, pero de 1 a 10, de carrerilla… ¿Por qué pasa esto? No es que se confunda, somos nosotros que confundimos su momento evolutivo con otro que todavía no ha llegado, así que vamos por partes. Continuar leyendo “De la cuna al conteo”

Montessori sí es…

Ambiente preparado, herramientas adaptadas y actividades
forman parte de la filosofía Montessori

La semana pasada publiqué un texto que gustó bastante sobre algunas cosas que se leen sobre el método Montessori y que no son ciertas. A petición de algunas de las personas que os gustó el post, y tras haber hecho encuesta en Twitter e Instagram sobre si publicaba algunos puntos que sí forman parte de Montessori, escribo este post.

Antes de que empieces a leer, ten en cuenta que no soy Guía Montessori, en este aspecto “solo” soy mamá que cría y enseña en casa, y lee mucho, muchísimo. Lo que expongo aquí son mis conclusiones y agradezco cualquier puntualización y comentario sobre ellas. Dicho esto, allá voy…

Un método basado en la ciencia

Maria Montessori estudió medicina, aunque por su condición de mujer sólo pudo acceder a la asistencia de pequeños con algún tipo de patología que eran considerados “no aptos” para vivir y aprender como los niños normotípicos y, a partir de la observación del comportamiento de estos niños y de sus intereses, fue modificando el ambiente y observando su respuesta. Así, descubrió que eran capaces de aprender, que eran capaces de ser más autónomos de lo que les dejaban, y, al aplicarlo a niños considerados “normales”, se vio la misma respuesta. Esto es un estudio científico observacional: se observa y se describe, y además se incluye una modificación en el ambiente y se repite el proceso.
Los estudios observacionales son la base de la evidencia científica, es cierto que son los menos fiables, pero son los primeros en aparecer al querer estudiar algo, pues describen cómo está funcionando algo y, si se introducen cambios, las reacciones a los mismos.
Con el paso de los años, gran parte de las observaciones de Maria Montessori se han visto confirmadas por estudios con mayor nivel de evidencia. Algunos ejemplos son: la importancia de la exploración táctil, el periodo en el que se aprende el lenguaje, el deseo innato de aprender, la capacidad de aprendizaje mediante la observación, la mejor adquisición de conocimientos mediante la manipulación…

Un método para todos

Como he comentado en el apartado anterior, y también lo hice en el post de la semana pasada, Montessori no es…,   esta pedagogía surgió en la Italia de la primera mitad del siglo XX, inmersa en una crisis económica, en un centro para niños con discapacidad, y fue creado por una mujer que, además, no había querido estudiar para maestra, sino que se empecinó en ser médico. Y, como último punto que respalda que es un método para todos, Maria Montessori no quiso registrarlo o patentarlo porque quería que fuese un método para todo el mundo, para mejorar la humanidad a partir de un cambio en la educación, criando niños en base al respeto para conseguir adultos felices que trabajasen por la paz.

Respetuoso con los niños

En todas sus facetas, se les respeta:

  • Como personas completas: no son futuros adultos, son lo que son hoy.
  • Como exploradores y aprendices: facilitándoles un entorno en el que cubrir esas necesidades.
  • Como deseosos de autonomía: permitiéndolos todos los “yo solito” que piden, aunque suponga poner medidas de seguridad o trabajo extra para el adulto.
  • Como imitadores: se les enseña con el ejemplo, lo que yo hago es lo que espero que hagas tú, el adulto modela el comportamiento (modela = es modelo).
  • Sus tiempos: se respeta el tiempo interno de los pequeños. Todos aprendemos a andar, pero cada uno en nuestro momento, y en el resto de aprendizajes, igual, se sigue al niño.
  • Su trabajo: se pone en valor el esfuerzo y el trabajo realizado, poniendo el foco en la tarea, no en el resultado final.

Aplicable por todos

No menosprecio el trabajo de las guías ni de sus ayudantes, ni la formación que reciben. En este apartado me refiero a que la filosofía Montessori podría considerarse casi una filosofía de vida, aunque me suene un poco pedante la expresión, porque es aplicable en todas las actividades del niño: en el dormir, el comer, el lavarse la cara (aquí un post de Papá Montessori sobre ello), la educación emocional, el aprendizaje de normas de convivencia (enlaza muy bien con la disciplina positiva)…
Para llevarlo a la práctica en un aula es necesaria formación específica, por supuestísimo, pero para hacerlo en casa, lo que necesitamos es convertirnos en adultos preparados y esto puede ser, simplemente, mediante ensayo-error y leyendo mucho, sobretodo al principio, y siendo crítico, porque si leemos la fuente original, es decir, a Maria Montessori, hay aspectos que se han actualizado con el avance del conocimiento científico. Un ejemplo de esto último es el control de esfínteres: Montessori consideraba clave los 18 meses, y hoy sabemos que un peque con 3-4 años puede no controlar y entra en la normalidad.

Útil con cualquier niño

Es más sencillo cuando empiezan desde pequeños, porque la norma para ellos es la autoresponsabilidad, pero si lo has conocido con los peques más mayores y quieres ponerlo en práctica, a por ello, se adaptarán porque en todos está el deseo de mejorar.
Y en cuanto a niños con necesidades educativas especiales, además de que nació con ellos, al ser un método que se adapta al peque, también es perfectamente aplicable.

Aprender mejor

Nunca aprenderán más de lo que pueden, ni con ésta, ni con ninguna otra metodología, pero tú, como todos, cuando trabajas en lo que te gusta, trabajas mejor, porque vas a trabajar feliz, porque disfrutas con lo que haces, es probable que al llegar a casa le expliques anécdotas a tu familia sobre el trabajo… Los niños igual, si aprenden aquello para lo que están preparados, que les gusta y, además, de una manera que entienden mejor, dedicándole el tiempo que necesitan a cada actividad, ¿cómo no van a ser más felices y a aprender mejor?.

Un método con normas

Tanto para los adultos, como para los niños, o para considerar una actividad o un material de inspiración Montessori.Todos deben respetar material, instalaciones y compañeros.Los adultos deben respetar el ritmo de cada niño (sigue al niño), observarles, permitir que se equivoquen, intervenir lo mínimo (cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo al desarrollo), y ayudarles a pensar sin culpar (aquí enlaza otra vez con la disciplina positiva, “¿Qué hacemos al terminar una actividad?”, “¿Ese material estaba así cuando lo cogiste?”, “Veo que se ha quedado encendida la luz del baño”, etc)Los pequeños deben respetar el material (una vez terminada la actividad se recoge, se usa para aprender), a ellos mismos (han de decidir qué hacer y responsabilizarse de sus actos), y a los compañeros (si alguien trabaja no se le interrumpe, se ayuda, se colabora).Y por último, para que un material o una actividad sea considerada de inspiración Montessori, debe cumplir lo siguiente:
  • Ser dirigida por el niño. El adulto presenta la actividad y luego el niño ha de ser capaz de reproducirla sin ayuda. Hay que tener en cuenta que las actividades empiezan al coger el material y terminan al recogerlo, así que lo ideal es que el niño sea capaz de hacer todos estos pasos sin ayuda.
  • Aislar la dificultad. Los conceptos se trabajan de uno en uno para que quede fijado el aprendizaje y para evitar confusiones. Por ejemplo, si es una actividad sobre clasificación por tamaño, lo ideal es que todos los elementos tengan la misma forma, porque si no se confunden los conceptos forma y tamaño.
  • Con control de error. Puesto que el niño debe ser capaz de hacerlo solo, también ha de ser capaz de ver si se ha equivocado, así que para el ejemplo anterior, sobre la clasificación por tamaños, va bien que sea un encajable, o que estén las piezas dibujadas y así las siluetas indicarían si se ha equivocado en alguno.
Y hasta aquí mi aportación a lo que sí es Montessori. Si lees los dos post (lo que no es y lo que sí es) creo que puedes hacerte una idea general que te ayude a decidir si quieres profundizar más en esta manera de enseñar y criar. Y, como he dicho al principio, agradezco todas las aportaciones que queráis hacer en comentarios.
Un abrazo y hasta el próximo post.

Por qué no me gusta el Día Escolar de la No Violencia y la Paz

Hoy, 30 de enero, se celebra en muchos centros escolares el Día Escolar de la No Violencia y la Paz, una jornada creada por Llorenç Vidal, poeta mallorquín, en 1964, para dar apoyo a una educación no violenta. Se celebra este día en conmemoración de la muerte de Mahatma Gandhi.
Han pasado 54 años desde que empezó a celebrarse y creo que poco se ha avanzado. Igual ahora no se lanzan tizas a las cabezas de los alumnos, no se les pega con una regla, o no se les castiga arrodillados con los brazos en cruz y libros en cada mano. Digo ahora, porque porque tengo 33 años y cuando iba al colegio vi todas estas situaciones.

Maria Montessori conoció a Gandhi en persona y ambos se profesaban admiración mutua. Ella consideraba que si el niño recibía la atención y el trato adecuados, no tomaría un mal camino al llegar a adulto y, por eso y porque vio que funcionaba a nivel de aprendizaje, creó una manera de enseñar a los pequeños y una serie de materiales que respetan en todo momento al niño, protagonista de su propio aprendizaje y orgulloso de sus logros.
Actualmente en los colegios se sigue oyendo a maestros gritar, siguen poniendo caritas tristes o sonrientes, borrando fichas que a un pequeño de 5 años se le antojan interminables mientras a otro le saben a poco. Esto no educa para la paz.
Padres y madres que defienden el “bofetón a tiempo” o que una colleja de vez en cuando no es dar un mal trato; personas a las que se les revuelve el alma viendo que hay niños muriendo de hambre y a sus hijos o niños a su cargo les dicen “Cómetelo todo, que mira que mal están estos niños”. Esto tampoco educa para la paz.
Nunca, jamás, hacer sentir mal a otro sirve para que esa persona sea mejor. ¿Alguien tiene una jefa que le grite? ¿Te sientes más motivada para hacer tu trabajo después de esos gritos? Yo no, yo me siento motivada a alejarme de esa persona que me hace sentir mal. ¿Crees que tu hijo se siente mejor cuando le gritas? ¿Que tu hija irá mañana motivadísima para tratar bien a sus compañeras porque hoy la han castigado? ¿O estará resentida con ese maestro, además de con sus compañeras?
Creo que la celebración de este día es, en muchas escuelas, como cuando grandes empresas con empleados en condiciones de esclavitud llevan a cabo sus Obras Sociales, no es congruente una cosa con la otra, es una especie de doble moral o un lavado de imagen.
No me gusta que se celebre este día de esta manera. Tendría que celebrarse todos los días, en casa y en el colegio y, al margen de nombres como Waldorf, Montessori, Reggio Emilia, Disciplina Positiva… todos deberíamos intentar:
  • Respetar más a todos los que nos rodean.
  • Respetarnos más a nosotros mismos y dejar de amonestarnos mentalmente cuando nos equivocamos. Es el primer paso para dejar de hacérselo a otras personas. Esa voz que oímos no es nuestra, es de todos los adultos que nos gritaron “Lo haces mal, eres malo, no sabes” cuando éramos pequeños. Y no lo hacíamos “mal”, eran errores, pruebas, intentos.
  • Respetarnos a nosotros mismos y enseñar a los pequeños a respetarse poniendo distancia física y sentimental con toda persona que nos haga daño. No es un castigo hacia esa persona, es una consecuencia de sus acciones.
  • Seguir recordando y dar valor a todo lo bueno de tantas personas que trabajaron (y trabajan) por mejorar el mundo, por la paz.
PD: sé que no todos los maestros y profesores actúan mal, sé que hay muchísimos intentando cambiar el sistema y otros tantos que sin querer cambiarlo son un amor con los pequeños; igual que sé que la gran mayoría de personas le hemos gritado o dado un cachete a un niño o a otro adulto. Esto no es un juicio a nadie, solo un deseo permanente de mejorar como personas.

 

Nuestra Navidad sin mentiras

¡Hola!

Sé que este post puede herir sensibilidades, y no es mi intención, solo pretendo dar a conocer mi visión particular del tema de la fantasía en niños pequeños y dejar por escrito un nuevo post sobre este tema sumándome a otras blogueras que piensan parecido, pues en algunos casos les han llovido ataques, no críticas constructivas u opiniones contrarias, sino ataques personales, por un tema que no hace daño a nadie como es el sistema de creencias en que educamos a nuestros hijos.

Para empezar sé que puede resultar incómodo pensar que mentimos a nuestros hijos porque nos han enseñado desde muy pequeños que mentir está mal, pero si nos remitimos a la definición de la RAE de lo que es una mentira, encontramos, entre otras acepciones, las que siguen:

De mentir.
1. f. Expresión o manifestación contraria a lo que se sabese piensa o se siente.
2. f. Cosa que no es verdadSe leen muchas mentiras en esta novela.
Por lo tanto, decirle a una persona que los Reyes Magos existen, vienen a casa el 5 de enero y dejan los regalos bajo el árbol es mentir porque los regalos los tienes guardados en el armario y los vas a poner tú. No me meto en si crees que en algún lugar del mundo existen todavía estos tres personajes porque forma parte de tus creencias y no soy nadie para juzgar eso.
En casa hemos vivido las dos versiones de la Navidad, mi compañero Daniel creció con la idea de que sí existían hasta que llegó un año en que lo descubrió y yo crecí sabiendo que eran mis familiares quienes ponían los regalos y que todos estos personajes mágicos que suelen formar parte del imaginario popular que se transmite a los niños eran solo cuentos bonitos. Cuando digo todos, me refiero a TODOS, igual que no existían monstruos, no había hadas, ni Ratoncito Pérez, ni flores que hablan, ni Reyes Magos, ni Papá Noel, ni renos que vuelan… Sin saberlo mis padres fueron muy montessorianos en esto.
Cuando hablamos sobre qué les contaríamos a nuestros pequeñuelos, si algún día los teníamos, llegamos a la conclusión de que era mejor contarles siempre la verdad. No nos sentimos cómodos mintiendo y conocemos casos en que cuando han descubierto la verdad sobre estos seres imaginarios se han sentido decepcionados. Creemos que bastantes frustraciones y decepciones trae la vida por ella  misma como para tener que contribuir a ello.
¿Cómo lo ponemos en práctica? Sobre la marcha, como todo… Las dos primeras navidades con Laia no hizo falta explicar nada porque nació en noviembre, así que en la primera tenía mes y medio y en la segunda 13 meses. Por supuesto tuvo regalos, fuimos a ver las luces, a ver a los pajes y a la cabalgata. Lo hacíamos antes de tenerla y seguimos haciéndolo con ella porque forma parte de nuestra herencia cultural.
La Navidad pasada tenía dos añitos y, igual que cuando tenía 13 meses, le fuimos explicando lo que iba a pasar y los por qués históricos se los explicábamos igual que le contamos cuentos de memoria, empezando con “Cuentan una historia…” o “Se cuenta que…” y terminando con un “…y por eso ahora…” Aun así, después de haberle explicado Papá Noel, Tió y Reyes, de decirle que no existían, que solo jugábamos a que eran reales, cuando el Tió llegó a casa y llamó al timbre, ella se asustó. Se asustó tanto de ese tronco sonriente que se puso a llorar y no quiso acercarse. Le volvimos a explicar que no era real, que las patas se las había puesto su padre y la cara se la había pintado yo. Y entonces lo aceptó.
Este año ya tiene tres… Sabe que el Tió no está vivo. Pero le ha enseñado el piso en el que vivimos, le habla, se sabe la canción, le da de comer… Como cualquier otra niña.
Tuvo una sombra de preocupación cuando empezó a ver decoración navideña y imágenes de Reyes Magos entrando por balcones y Papás Noeles por chimeneas. De noche. En casas donde la gente dormía… Y es que, como todas las personas de 3 añitos, ahora sabe lo que es el miedo y teme muchas cosas: quedarse sola, la oscuridad, los monstruos, los extraños que invaden su espacio, el ruido de las motos, el ruido de la batidora (este lo está superando, jeje) Y obviamente tuvo miedo de que unos hombres desconocidos entrasen en casa mientras dormíamos, así que volvimos a explicarle que no es real, que es algo que se hace cada año porque “Se cuenta que…” Este año hemos hablado con ella sobre el solsticio de invierno, el inicio de nuevas cosas, el Tió, y sobre la tradición cristiana, que es la que tiene en su entorno inmediato.
Pero, ¿tiene ilusión por la Navidad? ¿se le iluminan los ojos? ¿Cada vez que vemos un Papá Noel le decimos “es mentiiiiiira”? Sí. Sí. Por supuesto que no. No estamos todo el día diciendo “todo eso que ves no es cierto, son personas disfrazadas”. Nadie se pasa el rato que ve una película o un espectáculo de magia con su hijo diciéndole que eso no es real, solo se dice si surge en la conversación, si pregunta directamente, o si se asusta.
Tiene tanta ilusión que hoy, 24 de diciembre, me ha despertado a las 5 diciendo “¿Ya es de día, mamá? ¿Ya es Navidad? ¿Hoy vamos a cenar a casa de la abu y vendrá Papá Noel a traerme un regalo?” Al decirle “Sí” ha saltado de la cama para ir a abrir la última ventana de su calendario de Adviento.
Tiene tantísima ilusión por participar de esta fiesta, que ha ayudado a escoger regalo para su prima, 9 meses mayor que ella, y un día que fuimos a hacer compra salió corriendo (cosa que nunca hace) y fue a por unas zapatillas de bebé, las trajo y nos dijo que eran para su hermano, que quería regalárselas en Navidad porque él no tiene zapatillas y ella sí. Se equivocó de talla, pero solo tuvimos que hacer ese cambio y aquí tenemos las zapatillas, esperando a que se las traiga el Tió a Lluc (tiene 11 meses, no camina, no necesita zapatillas, pero es el regalo de Laia a Lluc).
Sobre si se lo dirá a algún niño que sí crea, sabemos que puede pasar, igual que podría hacerlo una persona de otra cultura, así que a parte de contarle que hay personas que sí creen, que hay que respetar lo que cree cada uno, y que todos jugamos a que existen, no podemos evitar que ella piensa, deduzca y hable.
Personalmente, siempre he vivido con ilusión estas fiestas, las reuniones familiares, el escoger y envolver regalos para mis hermanas y mis padres, el esperar oír ruidos la noche de Reyes… Creo en la suerte, creo en la magia, pero en la magia de vivir, no en que Papá Noel se cuela por la chimenea. Y eso es lo que queremos transmitirle a ellos, la magia de vivir, de reunirse, de quererse.
Es la segunda vez que escribo este post, espero que no desaparezca como la anterior 😅
Te espero en comentarios, me encantará leer qué opinas sobre nuestra manera de hacer y cómo lo haces en casa, que seguro que es con la mayor ilusión del mundo, igual que todos.
¡Felices fiestas! y que disfrutes la magia de la felicidad cada día, no solo dos semanas al año.